Los alimentos que consumimos cada día pueden
influir enormemente en nuestro estado de ánimo, más aún
cuando una dolencia que se alarga en el tiempo amenaza con provocar
ciertos desequilibrios.
Algunos de esos alimentos son capaces de inducir al
sueño, otros de provocar mayor alegría, alucinaciones
o incluso de aliviar el dolor. La hoja de coca, las flores de opio (ambos
obviamente), algunas setas o la nuez moscada son ejemplos de esto último,
aunque no hay que olvidar que sus efectos secundarios no son tampoco
desdeñables.
QUÉ ES EL TRIPTÓFANO
Es un aminoácido que el organismo utiliza para
sintetizar serotonina, una sustancia (o neurotransmisor) que cuando
están las cantidades adecuadas calma la mente, mejora el ánimo
y ayuda a inducir el sueño. En los pacientes depresivos –y
entre muchos pacientes de Fibromialgia–, los niveles de serotonina
son más bajos de lo que debiera, lo que pudiera explicar algunos
de los trastornos que padecen. En concreto, algunas investigaciones
al respecto alertan de la posibilidad de que esa carencia de serotonina
pudiera incrementar el dolor en pacientes que lo padecen normalmente.
Por eso se recomienda, en esos casos, aumentar el consumo de triptófano.
Dónde encontrarlo:
• Una importante fuente de triptófano
son los alimentos cárnicos y algunas frutas (kiwi, plátano,
frutos secos...). Una forma fácil de aumentar el triptófano
en sangre podría ser incorporar siempre productos con azúcares
y almidones (hidratos de carbono) en todas las comidas, ya que ello
facilita la llegada más rápida del triptófano al
cerebro. Así se establece un mecanismo por el que se libera mayor
cantidad de serotonina y se promueve un estado mental de mayor relajación.
• Los huevos y el queso también contienen
grandes cantidades de triptófano, pero en muchos casos sería
necesario consumir gran cantidad de estos alimentos para conseguir niveles
normales de serotonina, lo cual podría provocar riesgos añadidos
para el organismo.
Lo dicho en el párrafo anterior hace que muchos
médicos y terapeutas opten por recomendar los suplementos de
triptófano.
LOS ACEITES OMEGA-3
De ellos hemos hablado en páginas anteriores,
y es que su consumo es básico para conseguir un adecuado estado
de salud o una mejoría de una determinada dolencia.
Distintos estudios han relacionado el consumo de ácidos
grasos esenciales, y sobre todo el Omega-3, con la mejora del estado
cerebral, y han determinado que en los países en que se consumen
mayores cantidades de aceite de pescado tienen menos tasas de depresión
que en los países en los que este alimento no se incluye en la
dieta.
La presencia de Omega-3 (presente en pescados como
la caballa, el arenque, el atún, el salmón, las sardinas
o las anchoas) en la sangre también se ha relacionado con mayor
producción de serotonina, lo que podría explicar la menor
incidencia de los estados depresivos cuando se incluyen estos aceites
en la dieta.
Pero no sólo eso, estos aceites son capaces
de generar sustancias en el organismo que pueden hacer mejorar considerablemente,
incluso casi desaparecer en algunos casos, los procesos inflamatorios.
EL AZÚCAR NATURAL
Los niveles bajos de azúcar en sangre se relacionan
con irritabilidad, debilidad muscular, temblores, dolores de cabeza,
depresión y cambios de humor. De ahí que muchas personas
depresivas sientan la necesidad de consumir productos dulces como los
pasteles o las galletas. Pero no son éstos los más adecuados
porque sus grasas y azúcares refinados no proporcionan energía
y su exceso puede provocar agresividad e hiperactividad.
Los azúcares “buenos” se transforman
en glucosa, que pasa a la sangre y es transportada a músculos,
órganos y células, aunque tampoco debe abusarse de ellos.
Los azúcares presentes en la fruta (fructosa
o glucosa) sí son recomendables con moderación porque
son hidratos de carbono y constituyen una fuente excelente y rápida
de energía.
La miel, la leche (lactosa) y las verduras dulces como
la zanahoria y la remolacha también contienen azúcares
beneficiosos.
EL CASO DEL CHOCOLATE
Al parecer, el chocolate aumenta los niveles de serotonina
(se le conoce como el antidepresivo natural) y de endorfinas en el cerebro,
y por ello puede provocar cierta sensación de bienestar. Eso
hace que muchas personas recurran a él como estimulante para
aumentar los niveles de energía. No puede considerarse un mal
alimento porque tiene poder nutritivo: el chocolate amargo es una buena
fuente de hierro y magnesio y todos los tipos de chocolate contienen
potasio.
Pero hay que tener en cuenta que todos ellos son, también,
muy ricos en grasas y que tienen compuestos que actúan como estimulantes.
Este último detalle puede ocasionar que, en personas especialmente
sensibles, se desencadenen reacciones adversas como ocurre en aquellos
que suelen padecer migrañas. Es un claro ejemplo de que, a la
hora de consumir este producto, cada uno debe remitirse a sus experiencias
previas con él y, por supuesto, no caer en el exceso.
|